martes, 9 de febrero de 2016

EL CINCEL DE LA HISTORIA


Fernando Castro de Isidro

1. La decisión. Rajoy debe dimitir como presidente del PP y candidato a la presidencia del gobierno de España. Debe dar un paso al lado y dejar que el PP inicie un proceso de refundación y recambio de sus  élites que le permita volver a ser el partido referente de la política reformista en España.

2. El contexto. Es cierto que el PP ha sido la fuerza política más votada en las últimas elecciones generales y que Mariano Rajoy ha sido el candidato a la presidencia del gobierno que más votos ha recibido. Pero no es menos cierto que el PP, incluso después de este acontecimiento, sigue siendo el partido sobre el que recaen los mayores casos de corrupción. El PP en Valencia se desmorona; la dirección de Génova está más que tocada con el caso Bárcenas, etc. Se puede decir también sin exagerar que el PSOE sigue siendo centro de investigaciones en Castilla - La Mancha y Andalucía, pero a diferencia del PP, todas ellas son sobre casos anteriores al 20 D. El PSOE no tiene, además, ninguna Rita Barberá, que se resista a ser investigada gracias a su aforamiento en el Senado.

3. De aquellos polvos estos lodos. Pero es más, Rajoy sabe que en esta Legislatura no va a ser capaz de lograr ningún apoyo en la Cámara. Entre otras razones, por la prepotencia demostrada en la pasada y su desprecio a hablar siquiera con la oposición. Y así es imposible que pueda resultar viable su candidatura a la presidencia del gobierno. Por eso no hay tactismo en su silencio ni mucho menos en su negativa a aceptar el ofrecimiento del rey. Lo único que hay es obstinación, cabezonería, sin pensar siquiera que con ello a quien sobre todo debilita es a la institución de la Corona.


4. Generosidad. El centro derecha reformista es necesario y tiene un amplio espacio político en la actual democracia española, incluso a pesar de muchos de sus líderes actuales. La crisis actual se puede prolongar y alargar así la agonía y el debilitamiento de las ideas que representa. A lo largo de la historia de España, en momentos como éstos, las élites que han vertebrado este espacio han sido lo suficientemente generosas como para dimitir y ceder el paso a aquellos que puedan liderarlo. Así pasó con las viejas Cortes franquistas, cuyos miembros votaron la reforma a sabiendas que morirían con ella. Pero también pasó con la generación a quien representaba Fraga cuando encumbró a Aznar. Rajoy es el último miembro de la generación que acompañó a Fraga en su aventura de refundar el centro reformista español. A Rajoy, si no le basta con reconocer que su tiempo se ha acabado, debería bastarle saber que la generosidad es el cincel con el que se escribe el nombre de los hombres y mujeres ilustres en la lápida de la historia.

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