miércoles, 20 de marzo de 2013

¿FIN DE EUROPA?



Fernando Castro de Isidro

Europa carece de liderazgo mientras su clase media se hunde en la miseria. Esa misma clase media que pudo articularse después de la guerra más corrosiva que ha conocido la humanidad gracias al pacto establecido entre la democracia cristiana y la socialdemocracia y a liderazgos políticos fuertes y solventes. Es cierto que eran otros tiempos. Y que el Estado de Bienestar que le permitió su desarrollo y supervivencia debe mucho a la guerra fría y a la falsa amenaza soviética. Eso no lo vamos a discutir. Pero ese mismo Estado de Bienestar que hoy se derrumba pudo garantizar una paz social cuya previa inexistencia provocó dos conflictos mundiales y la división de un continente en dos bloques irreconciliables y debía mucho a la inteligencia, el firme compromiso personal y el buen hacer de significados líderes. Tras el hundimiento de la clase media europea hay razones objetivas que apuntan hacia la insostenibilidad del Estado de Bienestar en un mundo globalizado. Pero también este fin de era se está resolviendo de esta forma tan temeraria y despectiva con las personas y no de otra porque ningún líder ha querido gestionarlo por lo que tiene de reconocimiento de fracaso. Claro que es muy duro decir que el proyecto europeo construido sobre océanos de sangre en la segunda mitad del siglo XX no ha resistido el cambio de siglo y debe ser hoy ajustado. Pero más duro es ver como proyectos de vida se pierden en los desagües y alcantarillas por la incapacidad de la tecnoestructura europea de anticiparse a los cambios y formar a las generaciones más jóvenes a vivir instaladas en el riesgo y la incertidumbre en lugar de en una falsa prosperidad y absoluta certeza. Ningún dirigente político quiso advertir que nuestro camino no era el adecuado para no perder ni un solo voto. Y aún hoy se llenan la boca de decir que nada es posible fuera de Europa. Y, sin embargo, esa misma Europa que pregonan, bastardea a sus hijos más fervientes sin importarle lo más mínimo hacer añicos su ideario mítico y muchas de sus normas. Ningún estado europeo tiene realmente futuro en este nuevo mundo que se está tejiendo fuera de la Unión Europea. Pero no de esta Unión Europea, sino de otra, más humana y comprometida con la gente que, aunque adaptada a las nuevas exigencias sociales y económicas, se parezca más a la que hereda que a la que parece imponer Asia. Aunque esto también puede terminar convirtiéndose en una entelequia si la clase media en destrucción no se moviliza y promueve nuevos líderes políticos independientes de los intereses de los bancos y las grandes corporaciones industriales.

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