domingo, 13 de noviembre de 2011

HIROSHIMA ES TU NOMBRE


Fernando Castro de Isidro

Sólo se recuerda si previamente se ha olvidado, pero el olvido no cabe porque ese juguete artificioso, que es la memoria, está ahí para doblegarle tarde o temprano. El ejercicio constante de la memoria niega el olvido, pero quien no olvida corre el riesgo de enloquecer. Locura y memoria son los dos antídotos más potentes contra la vida razonable. Pues vivir en la cordura no es más que un ejercicio, igualmente artificial, de olvidar y recordar aquello que nos interesa abandonar o retener a cada instante.
    Hiroshima es en la memoria de todos la prueba más contundente de la estulticia del hombre moderno, el paradigma de la capacidad destructiva de la moderna tecnología aplicada a la guerra. Nevers, en la memoria de la protagonista del film de Resnais, la prueba más palmaria de que la paz también puede acarrear muerte y sufrimiento. Destrucción. Si la joven actriz francesa, que pasa su última noche en un hotel de la ciudad, no ha visto todo en Hiroshima es capaz de igualarse a su también joven amante porque todo lo ha visto en Nevers, aunque su propósito en los últimos catorce años haya sido olvidarlo.
     Hiroshima mon amour (1959) no es una simple película más de la nouvelle vague francesa. Es la película. Por el lirismo que impregna al diálogo de los protagonistas,  por como combina la ficción con el registro documental de los horrores causados por la bomba atómica, por su capacidad por trasgredir la tradicional sintaxis cinematográfica y lograr crear una nueva y admirable sintaxis que emociona y rasga por dentro. Película inclasificable, pero no por ello menos obra maestra, se fundamenta en uno de los mejores guiones de la historia del cine (escrito por Marguerite Duras) y en una excelente conjunción de la imagen, la palabra, la luz y la poesía. Si a esto se añade que la actriz que compone el papel protagonista posee una belleza enigmática y distante (Emmanuelle Riva), no es de extrañar que la cinta se convirtiera en una película de culto en la década de los sesenta y que muy pronto su director impusiera una tendencia y creara un estilo con ella.

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