miércoles, 10 de noviembre de 2010

EL CONFLICTO DEL SÁHARA OCCIDENTAL (ESPAÑOL)





EL SAHARA (ESPAÑOL) OCCIDENTAL: HISTORIA, CULTURA, CONFLICTO Y SOLUCIÓN

Rafael Esparza Machín

Introducción

La cuestión o el conflicto del Sahara Occidental -provincia española hasta 1975- es un asunto de gran relevancia actual, no sólo entre las principales partes implicadas: Marruecos, Frente Polisario, Argelia y España, sino a nivel mundial. El primer intelectual y ensayista que popularizó el conflicto del Sahara en España fue Juan Goytisolo (1979), un buen conocedor de la realidad del Magreb, que tras dicha publicación generó una mayor atención desde los medios de comunicación. No olvidemos que en España la pérdida del Sahara quedó en un segundo plano con el cambio de régimen y las dificultades para crear y consolidar la democracia tras la muerte de Franco en noviembre de 1975[1].
En este territorio el castellano apenas es usado hoy, y eso que, hasta hace 35 años, era la lengua oficial. Los individuos que conocen la lengua española dentro del territorio del Sahara Occidental -sin contar los campamentos de refugiados en Argelia- cada año se reduce al mismo ritmo que el de fallecimientos de los que lo hablaban. Es difícil saber el número exacto de los hablantes pasivos de castellano que quedan en el antiguo Sahara español, lo que sí se sabe es que se encuentran dentro de una población mayor de 45-50 años, que hubiera nacido y estudiado primaria y secundaria en los principales centros urbanos del Sahara (El Aiun y Villa Cisneros) hasta 1975. 
La región española a la que más perjudicó la pérdida del Sahara fue Canarias[2]. El archipiélago, situado a un centenar de kilómetros al oeste de la costa saharaui, vio como se terminaba de desintegrar su hinterland, lugar natural de expansión económica a través de las pesquerías[3], industria del fosfato o servicios públicos asociados a educación, sanidad y ejército, todos ellos en el nivel nacional, pero que contaba con un gran número de habitantes de origen canario, después que se iniciara su resquebrajamiento con la independencia de Guinea Ecuatorial en 1968[4].
Esta pérdida de hispanohablantes en la región, no sólo fue debido a la pérdida de la soberanía española, que implicó un regreso masivo de españoles sobre todo a Canarias y Andalucía, sino en gran medida a que la “eternización” del conflicto del Sahara impide que todavía hoy las misiones culturales gubernamentales españolas se establezcan en la zona, tales como el instituto Cervantes, o también colegios de enseñanza primaria e institutos bilingües financiados desde el ministerio de Educación en Madrid. Así, el desarrollo del castellano sigue paralizado a la espera de una solución que cree estabilidad política y social.
En este sentido, me centraré en el conflicto actual que imposibilita dicha estabilidad en la región desde hace 35 años. En este artículo presentaré los principales estudios que se han acometido sobre la región del Sahara, los antecedentes históricos al conflicto del Sahara español, las partes que están implicadas hoy, y finalmente propondré algunas soluciones, las cuales, llevo presentando desde 2005 con algunas variantes, en el Cuarto Comité de la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York.

1.- Antecedentes del Sahara como problema: decadencia marroquí, colonialismo y dictadura franquista. 

Desde el siglo XVI el ámbito geográfico del imperio Cherifiano no era puesto en cuestión por ninguna potencia europea ni por el califato otomano, pero el inicio de la decadencia marroquí a finales del XVIII y su agravamiento en el XIX hizo que, primero Francia (batalla de a Isly) y más tarde España (guerra de Marruecos), le perdieran el respeto e iniciaran una operación colonial que culminó con el protectorado franco-español de 1912.
Francia, única firmante del acuerdo con Marruecos, entregó a España el control de tres zonas, una al norte, otra al sur y otra, en la que le reconoce asimismo ”manos libres”, por debajo de una línea cercana al paralelo 28. Recordemos aquí que a consecuencia de la conferencia de Berlín, España tenía reconocido un territorio denominado Río de Oro, en el que se había establecido un asentamiento en 1886 (Villa Cisneros, actual Dakhla) y otro más en 1920 (en La Güera, Cabo Blanco). Este territorio fue unido al protectorado de Sakiet Al Hamra cedido por Francia, apareciendo así y por primera vez la denominación de Sahara Español, si bien España no inició la ocupación de tan amplio territorio hasta que los franceses derrotaron a las tropas nacionalistas marroquíes opuestas al protectorado en 1934 (Antiatlas, la Hamada y el Attar), momento con el que también coincide la ocupación del territorio de Ifni por España, no completándose el dominio real de la totalidad del territorio hasta bien acabada la Segunda Guerra Mundial.
Cuando Francia devuelve la soberanía a Marruecos,  dando con ello fin al protectorado, el dictador Francisco Franco, tal cual si fuera inquilino moroso, devolvió meses más tarde la zona norte, no devolviendo la zona sur e incorporándola a lo ya denominado Sahara Español. Surgió así una de las complejidades de esta cuestión. Fue una oportunidad perdida para evitar el contencioso posterior. Para completar la integridad territorial, los nacionalistas marroquíes, a veces al margen de la autoridad del rey, iniciaron acciones bélicas en 1957 en el ámbito sahariano, ondeando banderas marroquíes en todos los confines del mismo (Ifni, Tam-Tam, Tinduf, Attar e, incluso, en Villa Cisneros).
Francia y España, una democracia y una dictadura respectivamente, pactaron una operación militar – Teide en denominación española y “escobillón” en denominación francesa – para envolver y luego eliminar la resistencia. Los acuerdos de Cintra hicieron que España devolviera la zona sur del protectorado pero enquistó el conflicto al no producirse la devolución de todo el territorio[5]. Algunos de los hijos de esos combatientes marroquíes, expulsados del Sahara y establecidos en la zona de Tam-Tam, consideraron una traición el acuerdo con España y constituyeron el germen del Frente Polisario casi veinte años después[6].
Franco no solo no devolvió el Sahara, cosa que sí hizo Francia con Argelia, si no que además estableció una provincia en el territorio con la misma categoría administrativa que cualquier otra de España. Y, por supuesto, comenzó a poner los cimientos de una captación de la población hacia los intereses españoles al tiempo que manipulaba el rechazo de la población autóctona hacia Marruecos[7].  
Esta política tuvo sus altibajos y así nos encontramos con el caso de muchos saharauis deportados a Canarias por mostrar su marroquinidad. Otro ejemplo puede ser la llegada de Basiri a Smara a finales de los años 60 –y asesinado por la dictadura franquista en 1970 – que puede leerse como un intento de integración del Sahara en Marruecos. Así, al menos, lo mantiene su hermano, actualmente profesor de historia en Cetat (centro de Marruecos). Coincido con esa tesis; aunque también se mantenga por otros, una vez fallecido Basiri, que la lectura correcta es la de que constituyó un primer intento de impulsar un Sahara autónomo o independiente.
Es más, cuando el Frente Polisario está en su fase prefundacional – 1972 y 1973 – las declaraciones de sus dirigentes a las organizaciones políticas marroquíes o a los sindicatos son claramente pro soberanía marroquí del Sahara. Al menos en sus inicios. Y fueron evolucionando hacia la ambigüedad después de la represión de las manifestaciones de Tam-Tam – junio de 1972 – y hacia un incipiente independentismo en cuanto se distanciaron de una monarquía reaccionaria en un Marruecos en permanente estado de excepción y con una juventud universitaria y portadora de los sueños revolucionarios propios de la época. Soñaban con transformar Marruecos y el Sahara fue un buen pretexto.
La agonía del dictador español, y con él la de la dictadura, coincide con la campaña de Naciones Unidas para la descolonización del Sahara. En estos momentos, y entre la población sensibilizada hacia la situación política, se manifestaban tres posiciones diferentes: a) integración con Marruecos; b) Estado tutelado por España aunque formalmente independiente, y c) Estado totalmente independiente (posición esta última amparada por Argelia que, no olvidemos, los acogió y protegió en su territorio dándoles incluso cobertura militar y diplomática)[8].
Se podría decir que, de una forma difusa, cada una de estas posiciones vino a ser avalada por una determinada organización, sin que ello significase que tuviesen posiciones cerradas. Así, se podría afirmar que “La Yemaa” (órgano formado por los jefes tribales y considerado como un seudoparlamento autónomo) aunque mayoritariamente defendía la independencia tutelada, quedó posteriormente dividida al marchar su presidente a Rabat a rendir pleitesía al rey de Marruecos. El PUNS (partido de unificación nacional saharaui e inspirado por los servicios secretos de la dictadura española para defender la misma posición) terminó con su cúpula dirigente en Rabat besando la mano al rey. Y por último, el Frente Polisario, tolerado por los españoles que no perdían la esperanza de atraerlos a sus posiciones – lo mismo que intentaba Marruecos – mantuvo cierta ambigüedad hasta que durante la visita de la delegación de la ONU al territorio en 1974 se manifestó claramente hostil a los españoles iniciando los ataques armados a las posiciones militares periféricas y abogando por la rápida independencia del territorio[9].

2.- La actualidad del Sahara: solución imposible con el actual “statu quo”.

La intervención del Tribunal Internacional de La Haya y su ambigua sentencia sobre el territorio; la Marcha Verde con su presión mediática; la grave enfermedad y posterior muerte de Francisco Franco – que hizo que la opinión pública española mirara con preocupación hacia el interior y pasara por alto la grave situación que atravesaba el territorio del Sahara–; todo ello culminó con la firma del Tratado de Madrid en noviembre de 1975 y el reparto del territorio de la provincia española del Sahara, entre Marruecos y Mauritania[10]. La no aceptación de la situación por parte del Frente Polisario y la inmediata ayuda que este recibió de Libia y Argelia, provocó que se iniciara y sostuviera una guerra que duró quince años y que fue reconducida por la ONU en 1991 con un plan para solventar la cuestión[11]. Han transcurrido veinte años desde entonces y la solución no ha llegado. En mi opinión, no pudo alcanzarse ya que el punto básico, consistente en la fijación del cuerpo electoral, era de imposible consecución.
Los cinco puntos acordados para establecerlo se iniciaban con el listado del censo español de 1974[12]. Pero éste adolecía de un grave defecto jurídico: no fue publicado y, por tanto, no se abrió ningún plazo, tal cual es preceptivo, para corregir los posibles errores. Y hay que tener aquí en cuenta que puede afirmarse con bastante certeza que, en su proceso de elaboración, los responsables hicieron indicaciones a los agentes censales – muchos de ellos nativos del territorio – a efectos de que “descuidasen” la inclusión de determinadas fracciones, familias y personas de clara connotación pro marroquí. Ello hizo parcialmente inoperante la correcta aplicación del punto segundo del acuerdo de 1991: la inclusión en el censo de aquellas personas excluidas que, sin embargo, si tuviesen incluidos a sus parientes directos (padres, hijos y hermanos).
Los puntos tercero, cuarto y quinto del acuerdo recogían la inclusión en el cuerpo electoral de personas no afectadas por los dos primeros puntos, pero que podían acreditar una estancia determinada en el territorio o la expulsión del mismo por motivos políticos o económicos.

Estos puntos eran de casi imposible aplicación, puesto que para incluir a alguien en estos apartados era preciso el acuerdo de las dos partes, ejerciendo funciones de simple fedatario los representantes de Naciones Unidas  y sin que tuvieran la capacidad de decidir en los casos de no acuerdo. Ejemplo de lo anterior puede ser que simultáneamente se produjeran la inclusión en el cuerpo electoral de algunos dirigentes del Frente Polisario y la exclusión de algunos de sus hermanos, y lo que es más grave, de sus padres que, no olvidemos, eran quienes transmitían el derecho de inclusión en el censo.
Por todo lo dicho con anterioridad la situación actual, aunque mejor que la anterior puesto que se ha eliminado el conflicto armado, sigue siendo costosa e inestable. Se intentó producir algún cambio en la situación con los Planes Baker. El primero de ellos (2001), no gustó al Frente Polisario ni a Argelia; y el segundo (2003) fue aceptado por el Frente Polisario pero no fue del agrado de Marruecos, con lo que la situación sigue empantanada por no haberse incidido en lo que estimo que es la raíz de la solución del problema: sentar a Argelia y a Marruecos en una mesa negociadora, como veremos en el apartado siguiente.

3.- Un nuevo marco para la posible solución del problema.

El acercarnos a este nuevo marco que pretendo dibujar precisa afrontarse en dos fases temporalmente diferenciadas:

3.1.- Primera fase: negociación directa argelino-marroquí.

Retomando la conclusión del apartado anterior, estimo que la base más sólida para resolver el problema es sentar a los dos actores principales, miembros de la ONU y de la UMA, Argelia y Marruecos, y establecer un marco de actuaciones que sumerjan al territorio del Sahara en un doble proceso:

3.1.1. Hacia arriba, eliminando los obstáculos para la construcción de la Unión del Magreb Árabe (UMA), el más importante de los cuales es el conflicto en el Sahara occidental. Una UMA estable, económica y políticamente viable, parece lo más adecuado para los pueblos del noroeste de África y una garantía sólida para las relaciones con Europa y el resto del mundo.

3.1.2. Hacia abajo, estableciendo una amplia autonomía para el territorio, como por ejemplo la que tiene la Comunidad Autónoma Canaria dentro del Reino de España. El establecimiento de esta autonomía podría ser el inicio de un proceso de descentralización exportable al conjunto del Magreb, de forma parecida a la existente en la mayoría de los países de la Unión Europea.

La interacción de este doble proceso podría permitir, en el desarrollo de la UMA, una cooperación interregional que redundaría en la integración horizontal de los países miembros y en la solución de algunos de los problemas humanos que el colonialismo ha dejado en las fronteras de casi todos los países africanos.

      3.2.- Segunda fase: resolución de los problemas de la población saharaui dentro de un marco democrático y de respeto de los derechos humanos.

      Una vez conseguido el acuerdo anterior (y sin que ello descarte el inicio previo de los trabajos) hay que implantarlo resolviendo los problemas de toda la población saharaui, hoy establecida en el interior del Sahara, en los campamentos argelinos o dispersa por el resto del mundo, en especial en Mauritania[13].

      Esta es la parte más delicada, ya que se trata de personas y familias con historias diferentes, con variados problemas que hay que resolver con total generosidad, respetando los derechos humanos y garantizando el sostenimiento de la población dentro de un marco cada vez más democrático. Para conseguirlo no sobra ninguna ayuda, y el apoyo de los gobiernos y de las organizaciones no gubernamentales será, quizás, aún más importante que en el pasado.

      Si esta segunda fase se logra realizar con exquisita sensibilidad, y el reencuentro de las familias separadas se lleva a cabo sin traumas, se podrán sentar las bases de un desarrollo social armónico que, con el paso del tiempo, cicatrice las heridas de un conflicto que nunca tuvo que haberse producido.

4.- Conclusión

Soy consciente de la enorme dificultad de llevar a cabo lo que propongo. Existen enormes intereses en todos los sectores gubernamentales y sociales de los países implicados y que no desean una solución del problema, ya que la actual situación garantiza privilegios para algunos y negocios para otros, chantajes permanentes que no hacen más que añadir dificultades. Además, se han producido odios tanto hacia personas como hacia instituciones, de forma análoga a los que surgen en cualquier contienda civil. Pero si logramos distanciarnos y, por elevación, miramos desde otra perspectiva, podríamos ver como con la solución aquí propuesta todas las partes ganan algo y ninguna parte lo pierde todo. Analicémoslo:

      Marruecos. Satisfaría su ansiada unidad territorial, que no es cosa de ayer, si no que ya fue manifestada incluso antes de recuperar su secuestrada soberanía.

      Argelia. Evitaría el contagio de un estado independiente en el Sahara, que fuese una incitación al propio Sahara argelino para conseguir lo que ya intentó en los años 60: segregarse de la naciente Argelia y que le fue impedido por la fuerza. La justificación de un pueblo sahariano diferenciado del pueblo marroquí no admite su no aplicación a un pueblo sahariano no diferenciado del pueblo argelino. Ello equivaldría a mantener, permanentemente, un germen de conflicto que podría llevar a una “balcanización” de la zona.

      Túnez, Libia y Mauritania. Podrían ver con buenos ojos que el gran obstáculo para la construcción de la UMA sea eliminado dando lugar a un proceso de unificación no amenazado por intereses de supremacía regional.

      Unión Europea. Posiblemente viera con satisfacción la construcción de un espacio más estable en el flanco sur y un colchón para absorber parte de la presión migratoria subsahariana, que podría encontrar acomodo en un gran Magreb, de bajas densidades de población y económicamente desarrollado.

      Naciones Unidas. Lograr la resolución de cualquier conflicto internacional es no ya un simple alivio para las arcas de la organización, si no principalmente la satisfacción de cumplir su primer objetivo: preservar la paz mundial.

      Y por último Canarias. Como canario, vería que al otro lado del brazo de mar que nos une, viviría un pueblo en paz, integrado en su entorno supranacional como lo estamos los propios canarios en la Unión Europea a través de nuestra participación en el Reino de España. Esta situación permitiría continuar con las históricas relaciones económicas y sociales en un marco pacífico y que no presentase peligro alguno para el desenvolvimiento de la actividad turística que constituye el motor económico del archipiélago.

Antes de terminar remarco algo obvio pero no por ello de menor importancia para las poblaciones afectadas: la solución del problema implicaría poder cambiar el destino del esfuerzo económico que requiere el conflicto actual y pasar a dedicarlo a inversiones social y económicamente rentables. Finalmente una consideración sobre el referéndum. Una vez llegado al acuerdo y completada la segunda fase se podría plantear, bien la ratificación de lo acordado en un referéndum de amplia participación, o bien la retirada del mismo por parte de Naciones Unidas.      

BIBLIOGRAFÍA

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BERRANDANE, Abdelkhaleq (1992), Le Sahara occidental enjeu maghrébin. Paris, Karthala.

BOUGHDADI, Mohammed (2007), Le conflicto saharien Dans la contexte securitaire euro maghébin, Bouregreg, Rabat.

COMISIÓN hispano-saharaui de estudios históricos y culturales (1975), El Sahara como unidad cultural autóctona. Madrid: CSIC.

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GUIJARRO, Fernando (1997), La distancia de cuatro dedos. En la guerra del Sáhara con el Polisario. Barcelona, Flor del Viento.

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MAESTRE, Juan (1975), El Sahara en la crisis de Marruecos y España, Madrid: Akal

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MOHA, Edouard (1990), Le Sahara Occidental: ou la sale guerre Boumediene, Paris: Jean Picollec

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SERVICIO de registro de Población, Censo y Estadística (1975), Censo-74, El Aiun: Gobierno General del Sáhara.

VILLAR, Francisco (1982), El proceso de autodeterminación del Sahara (Prólogo de Fernando Morán), Valencia: Fernando Torres editor.


           
           


[1] Un buen estudio que explica la estructura socioeconómica del Sahara Español antes de que comenzase el conflicto, se observa en Maestre (1975). Otro estudio desde una perspectiva histórica, tal vez el más importante acometido en el mundo hispánico hasta la fecha de publicación, fue el acometido por Francisco Villar (1982), con prólogo del que era ministro de asuntos exteriores, Fernando Morán. También se puede destacar el trabajo de José Ramón Diego Aguirre (1988), el que fuera jefe de los servicios de inteligencia en el Sahara en la última etapa colonial, pues ofrece una información muy valiosa, aunque su interpretación es discutible.
[2] Para más información sobre la problemática del Sahara desde una perspectiva canaria, véase: José I. Alguero Cuervo (2003).
[3] Para más información sobre el desarrollo de las pesquerías canarias en aguas saharianas durante la edad moderna, antes de que el Sahara se convirtiera en territorio español, ver: Juan Manuel Santana (2010).
[4] Véase, Max Liniger-Goumaz y Gerhard Seibert (2008). La reducción del número de hispanohablantes en este país subsahariano también ha sido relevante en los últimos treinta años. El papel predominante jugado por Camerún en la región y la escasa cooperación diplomática española en la década de 1990, ha hecho que el francés se convierta en la lengua hegemónica.
[5] Un buen estudio sobre la vertebración social en Marruecos y del Sahara, a lo largo de la historia se puede ver en: Cherkaoui (2008). También se puede observar en dicha obra una perspectiva con más detalle desde la colonización española. Y también teniendo en cuenta el trasfondo del conflicto del Sahara en la lucha por la hegemonía en el Norte de África (Magreb) entre Argelia y Marruecos.
[6] Más información sobre los orígenes del Frente Polisario y el conflicto desde una visión más cercana a las tesis del Polisario, ver: Tomás Bárbulo (2002) y Fernando Guijarro (1997).
[7] El gobierno español de 1975 preparó un documento para justificar el hecho diferencial del Sahara sobre Marruecos, con la intención de tener un Estado independiente (Sahara occidental) pero aliado de España. Algo que obviamente nunca ocurrió. Ver el documento original en: Comisión hispano-saharaui de estudios históricos y culturales (1975), publicado por el CSIC.
[8] En la obra de Moha (1990) se explica el conflicto del Sahara con el trasfondo de Argelia y Boumediene (el Presidente) y la idea de hegemonía de Argelia en la zona, con su pretensión de salida al Atlántico.
[9] Para una visión del conflicto desde una posición más promarroquí, veáse: Benmessaoud (1991), Berrandane (1992) y Boughdadi (2007).
[10] Para más información sobre las tribus moras en Mauritania, ver: Laiglesia (1985). Aunque se refiere a Mauritania, en realidad trata también de las tribus que habitan en la Trab El Bidan (País de los Blancos) y que incluye el sur Marroquí, el Sahara occidental, Mauritania, el noroeste de Malí y parte del sudoeste de Argelia.
[11] Para una mayor información sobre el conflicto del Sahara desde una perspectiva de la ONU, ver: Erik Jensen (2006).
[12] Para más información sobre este censo, que sirve como base para fijar a la población con derecho a voto en un posible referendum, además de un estudio de las tribus y las fracciones y familias dentro del territorio, ver: el documento titulado Censo-74, realizado por el Servicio de Registro de Población Censo y Estadística (1975).
[13] La obra de Ángela Hernández (2001), habla de los Aidin, los retornados de los campamentos de refugiados a Marruecos. Ahí, estos cuentan sus historias, por qué se fueron, las injusticias que se cometen en los campamentos de refugiados en Argelia, los problemas, la falta de derechos humanos, la estricta rigidez del partido único, etc. Entre esos retornados que critican al Frente Polisario se encuentran los fundadores del Polisario Omar Hadrami y Abderramán Leibak.


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